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May 17 2016

Mario Fidencio Jiménez: pionero de la radio en Las Tunas

Por Raúl Verdecie/CO8ZZ

CO8HJ 002 (FILEminimizer)Aún hoy, a pesar del paso de los años, muchos recuerdan al “viejito de los aparatos” de la calle Tristá y los extraños ruidos que a través de la ventana abierta se filtraban hasta los oídos transeúntes de aquella calle del popular barrio tunero de “paso de marañón”. Los otros, quienes conocimos y admiramos a aquel “viejito”, sonreímos cuando alguien nos lo menciona, pues de hecho, para muchos de nosotros, aquella imagen formó parte de nuestro patrimonio gráfico y sonoro, desde antes de entrar al mundo de la radio y tener el privilegio de conocer a Mario Fidencio Jiménez, CO8HJ.

Luego de hacernos radioaficionados y entablar amistad con él, se develó el misterio que siempre envolvió a aquella casita de tejas francesas y que constituía algo así como un símbolo de vitalidad para aquella barriada que por otras razones ajenas a la radio, desde nuestra adolescencia, frecuentábamos.

Sin dudas, Mario fue uno de los primeros radioaficionados por estos lares, obtuvo su primer certificado de capacidad, para operar una estación clase “A” radiotelegráfica, según lo establecido en aquella época, el 2 de abril de 1936 y su indicativo primigenio fue CO8AM, el que cambiaría luego por el definitivo CO8HJ.

Amante de la CW y cacharrero por excelencia, desempeñó el oficio de radiotelegrafista del ejército durante toda la vida hasta su jubilación. Siempre operó con equipos construidos por él, en frecuencias fijas a cristales y durante la época en que los primeros radioaficionados de tercera categoría, colmábamos el segmento de 7.100 a 7.150 Khz solo en cw, fue cotidiano “consuelo” para muchos escuchar su característica transmisión respondiendo amablemente a nuestros repetidos CQ.

Por aquella época, ya el “Parkinson” afectaba su “curtido” pulso, sin embargo, cuando teníamos la posibilidad de contactarlo, aprovechábamos para practicar nuestra “mayor velocidad” pues era el clásico “saco”, se le podía trasmitir a cualquier velocidad y siempre recibía con facilidad. Contradictoriamente, padecía de sordera, era muy difícil mantener una conversación con él sin aumentar el volumen de voz y sin que él hiciera la clásica “bocina” con una de sus manos.

Sembró la semilla de la radioafición también en su familia, además de su hijo Urso (ex CM8UK), Edelman Jiménez, un sobrino de Pinar del Rio, no sabemos si por casualidad o por homenaje, ostenta el mismo sufijo que por muchos años, pero desde la zona ocho, surcara el éter para nuestro bien y orgullo.

Mario falleció el 21 de junio de 2002. Como radioaficionado de “pura sangre”, hasta último momento, se escuchó su indicativo en la banda de cuarenta metros. Llegue pues, donde quiera que esté, nuestro más sincero homenaje.

 

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