May 16 2016

Mi primer concurso

Por Raúl Verdecie/CO8ZZ

diplomaDesde mucho antes de tener mi primera licencia de radioaficionado en febrero de 1993 , cada vez que visitaba a alguno de mis mentores y los escuchaba hacer radio o, sencillamente, escuchaba a otros colegas hacerlo, siempre me llamó la atención lo mágico que resultaba el hecho de poder hablar con alguien que se encontrara a cientos y hasta miles de kilómetros de distancia. Pienso que es precisamente esto lo que hace a la radio algo tan especial, al margen de que en estos tiempos de “desbocado” desarrollo tecnológico, los radioaficionados hayamos perdido ese “privilegio” que hace unos años atrás solo pertenecía a nosotros.

Sin dudas, esas primeras experiencias marcaron mi preferencia por el DX y apenas tuve mi primera licencia, aún con las limitaciones que “otorgaba” (solo CW entre 7100 y 7150 Khz), me dediqué a trabajar y a tratar de confirmar cuanto país nuevo encontraba. De hecho, son varias las entidades que logré confirmar en aquella época, y que aún son “ejemplares únicos” en mi colección.

Por aquellos días devoraba cuanta revista para radioaficionados me cayera en las manos: nuestra siempre bien recordada publicación FRC, QST, CQ e incluso algunos pequeños boletines impresos que algunos amigos me enviaban, como “The DX news sheet” publicado por la RSGB Inglesa o el “The DX bulletin” que editaba el conocido Chod Harris/VP2ML (SK).

En aquellas lecturas conocí de la existencia de los concursos y solo entonces para mí tuvieron explicación los “barullos” que de vez en cuando saturaban la única banda que tenía. Me percaté, además, que muchas entidades activas durante estas competencias no se escuchaban o era muy difícil encontrarlas fuera de ellas. Para mayo de 1994, luego de mi cambio a segunda categoría y teniendo alguna libertad más en la banda de cuarenta metros, decidí arriesgarme a participar en el “CQ WW WPX Contest” de telegrafía, que se celebraría el último fin de semana de ese mes. Sin dudas sería un reto, en primer lugar por la inexperiencia y también por otras razones más bien de carácter técnico. Mi radio era un “Islander pura sangre”, de los que vendía la FRC en “kits”, por lo que tenía que desplazarme luego de cada CQ para escuchar a quienes me llamaban, y la llave telegráfica era una vertical, ¡nada de llaves electrónicas ni softwares cuando aquello!; así que tuve que forzar la muñeca algo más de lo acostumbrado.

El día 28 a las 00:00 UTC comenzó el concurso, un galimatías de cientos de estaciones llamando a la vez inundó mi “receptor”. Al principio me turbé, no supe qué hacer. Finalmente busqué una frecuencia lo suficientemente libre y comencé a llamar. En la medida que hacía contactos el nerviosismo desapareció y pude disfrutar un poco más de aquella magnífica experiencia.

Con el paso de los años no recuerdo detalles, si estuve mucho o poco tiempo operando, pero sí recuerdo lo trabajoso que resultó después de concluido el concurso verificar duplicados y pasar los contactos a limpio para, finalmente, sacar la puntuación final, que fue de 65,424 puntos, luego de trabajar 197 estaciones válidas y 141 prefijos.

Sin dudas, no fue un buen resultado, pero aquella primera vez marqué algunos países más en mi listado como “trabajados” y, sobre todo, me sirvió de “motor de arranque” para a partir de allí continuar haciendo concursos hasta el día de hoy.

Fue muy reconfortante para mí, transcurrido un año, recibir un certificado que nunca esperé, ver mi indicativo publicado en la “CQ Magazine” donde, además, de manera muy especial, junto a otros prefijos poco comunes que participaran en el concurso, nos agradecieran por hacer la competencia más interesante.

Luego de tantos años les confieso algo: cada vez que comienza un concurso y me enfrento a esa sensación sonora tan especial, siento el mismo nerviosismo que sentí por vez primera hace ya veintidós años.

 

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